
ISBN
Formato digital
978-607-640-089-0
Fecha de publicación
18-03-2026
Licencia
D. R. © copyright 2025. Salvador Ponce Ceballos, Yessica Martínez Soto, Brenda Boroel Cervantes y Yaralin Aceves Villanueva.
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Michelle Barretos Ruvalcaba
Universidad Autónoma de Baja California
0000-0002-8124-4511
Norma Karina Carrasco Pereda
Universidad Autónoma de Baja California
0009-0002-0191-8940
Acerca de
Dentro del contexto de la educación universitaria, es esencial contar con mecanismos que favorezcan la permanencia y el éxito estudiantil (Castro, 2020). El experimentar algún fracaso escolar durante esta etapa puede constituir una limitación para el desarrollo de capacidades cognitivas, personales y sociales, en donde se disminuyen las oportunidades a bienes materiales y simbólicos, restringiendo las aspiraciones de los y las estudiantes y las posibilidades reales de satisfacerlas (Eroles e Hirmas, 2009).
El primer año universitario se identifica como el periodo que dependiendo su adaptación favorece el compromiso del estudiante a su permanencia, sujeto a las experiencias y acciones del estudiante en la institución (Terenzini et al., 1996; Tinto, 1999), lo que contribuyó a reconocer que las acciones institucionales que fortalecen dicho compromiso se vinculan con la retención escolar (Tinto, 2010). Por otra parte, el estudio sobre el bajo rendimiento académico en educación superior ha sido escaso; entre las investigaciones identificadas desde la perspectiva disciplinar, predominan los estudios realizados en las ingenierías, en las que en primer lugar destacan el rol de las variables personales (deficiencias en conocimientos previos para el dominio de las asignaturas; estrategias inadecuadas para el estudio, no asistir al aula y/o a las asesorías) y en segundo término, variables propias del docente como la falta de preparación didáctica y pedagógica (Aguilar et al., 2018; Amado et al., 2013; Ocampo et al., 2010; Riego, 2013).
Cuando se pretende la implementación de un eje transversal en una institución de educación superior se demanda de una planificación y de un diseño que pronuncie no sólo las distintas unidades de aprendizaje, sino también una nueva filosofía que permita accionar el trabajo docente, a partir de una metodología, la cual consiste en tres fases: orientar el eje, precisar el perfil de egreso de la institución y las acciones administrativas propias, y de esta manera, conferir a los planes y programas educativos de estrategias que contribuyan a la formación integral necesaria de los estudiantes logrando así los conocimientos, habilidades y actitudes, que les otorgue las competencias ante los retos que imputa la era de la información y las reclamaciones de la sociedad del conocimiento, como escenario latente de la educación superior (González, 2021).
En lo que concierne al análisis de los temas transversales, existe un consenso, según el cual la escuela no estaba cumpliendo de manera satisfactoria la responsabilidad de perfilar a las futuras generaciones con las capacidades que requiere un desempeño ciudadano para una sociedad que se encuentra en transformación constante y rápida. Al mismo tiempo, existe una significativa falta de consenso acerca de cuáles son o deben ser dichas capacidades y cuál debe ser el alcance de su difusión (Tedesco, 1996).
Referencias
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Alzina, R. B. (2006). Orientación psicopedagógica y educación emocional. Estudios sobre educación, 9-25.
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