Rafael Ayala Aragón
Universidad Autónoma de Sinaloa
0009-0009-1588-0673
Acerca de
Las nuevas políticas monetarias a finales del siglo XIX cambiarían el rol de las casas de moneda provinciales que, en su momento, fueron de gran utilidad para acuñar oro y plata de las minas regionales, pero después se volvieron un serio problema debido a que no se respetaban las leyes de acuñación y eran tomadas para satisfacer las necesidades de los arrendatarios y de los gobiernos locales.
Ante esta situación, dos sucesos marcaron este periodo, la organización monetaria de las casas de moneda de 1895 y la Ley Monetaria de El primer suceso estableció las bases en el control de la moneda acuñada en el país clausurando las casas de moneda provinciales y dejando solo tres –Guanajuato, Zacatecas y Culiacán– con el estatus de sucursales de la casa de moneda de México.
El segundo suceso eliminó por completo las dos sucursales existentes dejando únicamente la casa de moneda de México, recuperando su hegemonía que había perdido 95 años atrás; este centro de acuñación unificaría el sistema monetario por primera ocasión después de muchos años, una moneda única en su ley, peso y grabado para todos los mexicanos.
Sin embargo, se tiene que resaltar que estas leyes monetarias estaban centradas en la moneda metálica, no así en el papel moneda emitido por los bancos de emisión; por un lado, el gobierno recuperaba el control de la emisión monetaria y por el otro, dejaba que los bancos de emisión autorizados por ellos mismos emitieran billetes con sus propios diseños, tamaños y grabados.
Referencias
Pradeau, Alberto Francisco, Historia Numismática de México de 1823-1950. México, Sociedad Numismática de México, 1960.
Revista de Geografía Universal, “La historia del dinero”, México, Imprenta Madero, Edición especial, 1997.
Sobrino, José Manuel, La moneda mexicana. Su Historia, México, Banco de México, 1972.

